| SIETE |
Hola
hombre de cumbres nevadas llamado Pitoche (éste último dato está por
contrastar):
Antes
de nada, y permíteme que lo haga, alzo mi licor café (por eso voy tan
despacio, porque escribo con una mano!), y tengo en mi recuerdo al insigne y
otrora mejor amigo (nunca debió dejar de serlo, la verdad) Tone. Eres gigante.
Otro día
brindo por ti, que si no me tajo, neno. Por cierto, me han contado que unos
amigos tuyos han ido a León.
Al lío,
estoy moreno, pero con cierta palidez de llevar cuatro días encerrado en casa
por un “trancazo”. Sabes que siempre que estoy mal recurro a ti. Con días
de playa y yo viendo por la ventana a todo el mundo pegándose chapuzones,
haciendo el pino, el muerto… Creo que mis vecinos entierran un cadáver por
que los dos se son infieles mutuamente con la misma persona (3ºIzda) y se
llaman de todo, pero aún así son reticentes a un cantado trío. Yo creo que
pasa eso y tú te callas!, que ya te estoy viendo venir.
Me he
tirado el verano entre Cantabria, Pontevedra, Sanxenxo y El Bierzo. Me llevaba
el ordenadorcito para trabajar y luego playa (me acabo de dar cuenta de que he
perdido mi excusa para no responderte a ningún correo). Antes de que me lo
preguntes: no, El Bierzo no tiene playa.
Estuve
con mi hermano y su futura. La presencia de mi hermano obligó a unas
reglamentarias tandas de penaltis sobre arena que se truncaron cuando mi hombro
izquierdo fue capaz de tocar mi espalda pasando por arriba (el parte médico
pone que fue un hostión en toda regla). Me veía pasando el verano con una
escayola, como los niños de colegio. En cualquier caso le hubiera pegado un
palizón.
Estuve
en los toros (a última hora un parte médico me quitó del ruedo, pero estaba
yo inspirao).
Me
tragué un concierto de Muchachito (“a que hora vas al Chavalito ése?”
preguntaba mi madre a la que no le acabó de entrar el nombre de la criatura).
La verdad que muy bien, incluso paró el concierto para pegarle unos tientos a
una morena que andaba por allí y me da a mí en la nariz que tienen algo. Me
gustaron mucha las versiones (Tu vuolo fa-la americano, el muerto vivo, mala
vida, palabras para Julia...) pero me cansé y me fui a tomar Coca-Colas aliñás,
(que con limón exprimido y otros aromas más que le echaban, le quedaban muy
ricas).
En
cualquier caso, lo más importante del año llegó: los Juegos Olímpicos.
Pregunta que ya verás. Publiqué un artículo en la revista Tiempo con mi
predicción de medallas más importantes y, excepto Noya (el triatlón rima con
romperme el corazón, copón!) y Paquillo las estoy clavando todas: Phelps,
Bolt, Verónica Campbell, Nadal, mi querida Isinbayeva…
El caso
es que ahora mismo llevo el horario chino mezclado con el español (cuando echan
los resúmenes). Qué bonito, que jartás a llorar me echo, cuando ganan, cuando
pierden. Me toca un poco las narices lo de los reyes “dando suerte”, pero
mira, los “Froilanistas” esperamos nuestro turno, agazapados. Durante los
Juegos echo de menos las parrafadas habituales con Don Luis Temes, pero está en
una furgoneta por California. Seguro que pincha y se pone a llorar.
A todo
esto, releyendo el último correo que te mandé, veo que te dejé entrever que
iba a torear en noviembre. El caso es que mi hermano procede a casarse (mira tú).
15 días antes va a hacer una capea para los invitado y para mí (no me ha
invitado directamente, pero yo me hago el longuis, y si no, me chivo a mis
padres). Entonces tendré que ponerme delante y hacer gala de todo eso que he
cacareado estos años. La última vez que me puse, hace nueve años, acabé
sangrando por un brazo tras una preciosa media verónica. La crítica (siempre
envidiosa) no lo entendió así y tildó mi proeza como “falta de valor, de técnica,
de idea y de tó”. Ya me pedirán entradas, ya.
Que
sepas que en lo que he tardado en escribir esto ya he brindado varias veces por
ti. Yo creo que el catarro va a ser por falta de Licor Café en la sangre, por
eso estoy en ello. Ya te contaré qué tal.
Mañana me corto el pelo (pero no corto).
Poca
novedad más que comentarte, sólo que a todos eso que dices que no se acuerdan
de mí, diles que no estaba muerto, estaba tomando cañas.
Un
abrazo y besos y rechupetones en la oreja y lametones en el cuello y
mordisquitos en la nuca y (creo que ya está bien de licor, tanto café no puede
ser bueno)
Dani Rocha (que lo es)