| NUEVE |
Hola chiño (hey),
He cambiado de vida (ooootra vez, que diría Forrest Gump). Te diría que soy un hombre nuevo, pero creo que soy un hombre viejo. Me ha salido una cana (aunque no hice el Camino de Santiago como tú cuando te salió la primera, por cierto, ya te vale haberle indicado a Santiago por dónde ir).
Vivo solo, again, he perdido diez kilos en un mes (que pareces haberlos encontrado tú, usa las escaleras, coño!)
Mitad por trabajo (en contra de la opinión de ese lobby de poder que formáis mi padre y tú, lo mío es un trabajo) mitad por placer, o por evitar pensar, que está sobrevalorado, me he vuelto a tirar a la carretera.
Córdoba (bendita Córdoba y sus seres), Sevilla, Ou y Benavente en el último mes y medio (sigo abierto a ofertas de gente que me ofrezca cama).
De hecho en Benavente me ocurrieron dos detalles que definen mi existencia últimamente: mi cana y mi sino maldito.
Antes de nada mi cana: me da un aire madurito que, sumado a mi atractivo natural, me vuelve irresistible, pero, paseando por Benavente con mi gran colega Emilio, en un banco, unas adolecentes hablaban. Una comentó en mi presencia: "¿sabéis que la canción de Locopizza existe de verdad? Es de un grupo viejo que se llama Locomía".
Me sentí como te sientes tú cuando yo te hablo de Espinete o de la Nocilla... Mayor. Porque los recuerdo perfectamente (sé que no estoy acabado, 28 años con la esperanza de vida de la UE no es nada).
Tras esa experiencia traumática, para evitar el atasco, y evitar pensar (manías que tiene uno) y porque me sentía más a gusto que Garci viendo "El Acorazado Pontemkim" me volví a las diez y pico de la noche en mi Peugeot 205 de 25 años (conocido como Delorian)
Mientras conducía (120, todo legal), cantando como sólo yo sé cantar al volante (U2, ZOOTV, Sidney), oí algo así como "tracatracatrááááá" (todas tónicas) seguido de un rrrrrmmmmm (sin vocales, la salsa del lenguaje) y dije esa frase que tantas veces la vida me ha hecho pronunciar: "de ésta no salgo". Mientras, Bono, decía no sé qué de que "It´s all right".
Orillé (verbo hermosísimo), me puse el chaleco fluorescente, que no hacía juego con mi camiseta de Los Chichos, y comprobé que la rueda trasera izquierda estaba hecha un Ecce Homo.
"Esto lo cambio yo en un minuto, que para algo soy hijo de mi padre" (gran manitas y hombre de resolver problemas).
Era la cuarta rueda que cambiaba en mi vida. El caso es que en cuanto me acercaba a la rueda, camiones más grandes que el de "El coche Fantástico" venían a 120 (todo legal) y me despeinaban mi cana nueva.
A 800 metros había un cartel de desvío (el de arriba a veces es colega) Me subí al Delorian y, a 10 por hora, con los cuatro intermitentes (ilegal, sí, pero el coche no daba para más) recorrí los 800 metros más el kilómetro extra hasta dejar la carretera. Llegué al pueblo llamado Rueda. (el de arriba será colega, pero tiene una retranca...). Paré y me di cuenta de que en mi caja de herramientas, obsequio de mi padre y mi abuelo (otro hombre de recursos) había herramientas como para conectarme a internet, pero faltaba la llave de las tuercas. Viva y bravo.
Un frío de pelotas querido. Y yo con una camiseta de Los Chichos y un chaleco.
Ese Dani Rocha pateando hasta una gasolinera en la que, tras convencer al empleado de que no era descendiente del Vaquilla (nota mental: afeitarme), conseguí la llave.
Una vez levantado el coche con el gato, el terreno empedrado (y su puta madre), hizo que el gato fuera absorbido debajo del coche. Ni subía ni bajaba.
Nuevo paseo al frío de la estepa castellana en la gasolinera (había conseguido el tío un M16 con el que me apuntaba). No tenía gato.
A la 1:00 me metí en un bar de lugareños y rogué un gato. Un amable paisano, habitante del planeta Terry con chocolate (AAAARGHHH!) me prestó la preciada herramienta.
De hecho, me acompañó lleno de dudas y curiosidad. Ejecuté la maniobra de repuesto ante la mirada atenta/difusa del ciudadano y puse rumbo a la capital del imperio lleno de agradecimiento a la gasolinera, cuyo responsable a estas horas ya se había atrincherado con un lanzagranadas y pinturas de camuflaje (Tú eres el Vaquilla, alegre bandolero...!), al colega del Terry (¿cómo alguien puede beber eso?) y a la Guardia Civil por no haber aparecido por allí y meterme un puro que no nos lo fumamos tú yo en quince años.
Puse rumbo a casa, con un dolor de espalda que sólo los que hemos intentado sacar un gato a golpes de debajo de un coche conocemos, y dormí (creo recordar, que no estoy yo para alardes).
Lo siguiente que te tengo que contar es que en breve me voy a Francia a currar otra vez, pero esta vez promete tanto como las otras. Tres días suelto por allí. Ten la fianza preparada.
Bueno neno, seguiremos hablando. Escucha a los Zodiacs y a The Pepper Pots, que Simple Minds están acabados (sé que te duele este comentario, pero te quiero y por eso te lo hago).
Salud y Kiko Veneno como sumo pontífice.
One more night, shau shaval.
Dani Rocha (que lo es)