| ONCE |
Pero hombre de dios…!
Nada, era coña.
Qué tal todo? Espero que estos cuatro días que han pasado desde que te vi hayas sabido mantener las formas.
Tal y como te conté, el viaje de vuelta de Francia fue bien, me compré mis correspondientes latas de foie gras (lo de los bocatas de La Piara pero en francés, más rico, más caro y más pequeño, que te da para tres tostadas como mucho) y en el avión fingí que leía la prensa francesa (que si lo lees se parece mucho, ya lo de oírlo…).
Entremedias tomé la solemne decisión de hacerle una nueva visita a mi colega Emilio de Benavente (sí, donde la rueda, coño), pero esta vez de una semana, para respirar más allá de Madrid, que últimamente me tiene la cabeza manga por hombro, mezclado, no agitado.
Lo que pasa, es que yo, como sabes, me cojo media docena de catarros al año que me inhabilitan para ser persona (que no te decepcione querido, todos los super héroes tenemos nuestro punto débil, Supermán "la Kryptonita", Batman ver hablar a Robin con otro chico...), lo cual me cortó las alas. Queda pendiente.
Para el fin de semana estaba medio recuperado así que me fui a Galicia en tren (tanto remedio para las enfermedades y los científicos aún no han llegado a una conclusión sobre el puto aire acondicionado! Otro día hablo de las peliculitas, por que tiene arte la cosa también).
Llegué el viernes por la tarde noche y dos horas después estaba oyéndote hablar sobre lo guay que te iba en los años 80 (Ou es una ciudad pequeña, neno. He pedido informes y la gente no lo recuerda todo como tú).
Cuando te mandé a la cama me reuní con mi colega Álvaro, ex compañero de piso, y sin embargo vecino de arriba. La cosa se alargó más de lo que mi salud habría deseado y decidimos que sería bueno ver amanecer en las escaleras que hay detrás de nuestro edificio en vez de ir para casa. Lo fue, pero nos quedamos medio dormidos allí sentados y, cuando nos dimos cuenta, las retinas olían a quemado cosa mala, el sol de las nueve de la mañana nunca ha aportado demasiado a tíos como yo.
Al día siguiente me esperaba el verdadero motivo de mi visita a Galicia (tú también bobiiiiiño!), acudir a la inauguración de la discoteca “Infinity”, en la Cañiza, de la que es partícipe. No es el tipo de local de mi estilo, porque ya sabes lo mío con sitios en los que hay más de sesenta personas y no toca U2, pero el personal que fue allí se lo pasó muy bien (yo también que conste) y había muchas luces, performances de ésas, y unas chavalas de uniformes variados que bailaban muy desinhibidas en lo alto (buufffff!). Di que vas de mi parte, a ver si allí alguien se acuerda de tu versión.
Llegué al hotel a las diez de la mañana, que en Madrid me estaba oxidando en eso de acostarme con los pajaritos dando por saco.
El domingo fue de dormir, hablar mucho, y bien, por teléfono y quedar a cenar “de tranquis” con un colega. La cosa se me fue un poco de las manos, no mucho, pero es que me encontré al Toñito Lamatatumbero, que pensaba que estaba de gira y tomamos un par de ellas.
Para depurar todo ese fin de semana, hoy mismo me he ido a echar una pachanguita al fútbol con los compañeros de trabajo de mi hermano. Casi me muero, suerte que uno de ellos sabía qué había que hacer cuando se te duerme la parte izquierda del cuerpo y notas una opresión en el pecho, que si no me da que eso no podía ser bueno. Además, me dio por rematar un córner de cabeza, (ajustado a la cepa del poste derecho, pero por fuera) y desde ese momento sólo me regía con el hemisferio derecho, que el otro creo que reventó (yo oí algo raro dentro de mi cabeza, no podría decirte el qué, pero ahora creo hay que matar a todo el mundo, y luego que Dios decida. Desde que me di el golpe también pienso que Aznar fue un gran presidente).
Por no hablar de mi incapacidad de practicar mi estilo de fútbol corriendo. Andando sólo jugaba Romario.
En cualquier caso, estimado amigo, cuya amistad adquirimos en un campo de fútbol contando yo con la tierna edad de 10 años, algún día cuento esa historia, la de cómo nos conocimos, o la he contado ya? Me he perdido… Ah! Que como te digo, al final, esa magia que habita en mis botas, se hizo latente cuando más la necesitaba mi equipo, con un empate a tres a falta de dos movimientos de minutero. Centra mi hermano al segundo palo y aparezco yo, amagando un remate en plancha que provoca la salida del cancerbero, atraído por mi ardid, el cual en realidad ocultaba un certero disparo con mi diestra mientras saltaba de forma precisa para alcanzar el esférico, pudiendo celebrar mi tanto antes de volver a la tierra de los mortales a la que yo ya no pertenecería nunca más (es que el otro día vi una corrida de toros antigua narrada por Matías Prats, y el tío era capaz de hablar así durante horas y horas, menudo genio!).
El caso es que 4-3 al final. Lo único que recuerdo es que al caer del remate, gracias a mi gran estado físico, se me subieron los dos gemelos a la vez, hasta la rodilla. Qué dolor, por dios, qué dolor más grande! Aún así recordé que quedaban dos minutos y me quedé allí todo digno, pasando los dos peores minutos de mi vida, la tuya y dos más si hace falta haciéndome el duro. Al volver a casa, con mi coche de 25 años, redescubrí lo duro que tiene el embrague. Se me volvió a subir dos veces el gemelo izquierdo tratando de meter primera en dos semáforos. ¿Te acuerdas lo que te conté la otra vez de cómo se ponen aquí con los que no arrancan en cuanto se pone verde? Joder, ahora sí que te podría contar cosas, pero por respeto a todos mis familiares mentados en sus exposiciones y opiniones no lo haré. Qué mala es la gente!
Y ahora estoy aquí, con la suela de los pies ardiendo y diciéndote que me voy a la cama, pero porque quiero, faltaría más.
Saludos cordiales y uno especial para tu colega el de los huevos camperos que sale por la tele (te me juntas con una xentiña...)
Shau shaval!
Dani Rocha (que lo es)