DIECINUEVE

Relajado Pitoche:

Cómo te va? Espero que tus vacaciones bien, supongo que sí, porque tienes más experiencia cogiendo vacaciones que currando, así que lo habrás hecho bien, y más cuando tu idea del ocio es no levantarte (o sea, tener la nevera llena de cervezas cerca).

Yo, como ya te conté con profusión, he vuelto de Turquía. Ya me acabé los pistachos (mierda!), aún me queda tabaco de pipa de agua, unas pantuflas que te darían envidia y quiero desvincular mi visita con el hecho de que Guti dejara Turquía. Él sabrá, yo solo tuve una charla con él de hombre a Guti.

El caso es que soy una persona que se acostumbra fácil a lo bueno y a lo malo, lo que hace que cuando llevo dos días currando me olvide de cómo se descansa y cuando son dos los días descansando me olvide de a qué me dedicaba (el otro día me puse a cobrar en el supermercado hasta que me explicaron que no trabajaba allí. La fisura de costillas que me provocó el segurata no venía a nada; lo habría entendido igual con unos dibujos explicativos). Después de unos pocos días tan desconectado, me costó volver. De hecho, en un vuelo se me echó el tiempo encima y tuve que entrar a toda leche al avión, momento en el que pasaba una pobre azafata (aeromoza o TCP, búscalo en Wikipedia) tuvo a mal cruzarse en un camino que yo había decidido como mío (como Israel con la Franja de Gaza –que los dejen en paz ya!!!!!). El caso es que para evitarle una reunión segura con sus antepasados (solo con los muertos), hice una especie de requiebro en el aire combinado con una carencia de armonía que hizo que mi pie izquierdo se empotrara contra el derecho, mi cabeza con su hombro y lo que haya entre mis costillas y mis pulmones (a veces es mejor no saber) impactase contra la parte dura de un asiento de primera clase de un AIRBUS 330 destino Buenos Aires. Menuda hostia!. Eso sí, qué cómodos los asientos de business del 330. Son cómodos para empotrártelos y para estar sentado cuatro minutos en uno hasta que supe distinguir al comandante del avión de Dalí (no me acababa de quedar claro quién pilotaba, quién pintaba y quién me daba bofetadas en la cara y decía “lo dejamos tirado en la pista y que venga otro coordinador”. (Estos surrealistas…). Luego me enteré de que si llego a estar un minuto más en esa especie de coma, la sobrecargo me hubiese hecho el boca a boca. Desde ese día me he pegado cuatro piñazos más, a ver si suena la flauta y alguien me susurra en la garganta, pero se debe haber corrido la voz entre el personal de aire y nadie me proporciona los cuidados necesarios, con lo que me tengo que reanimar yo solo (lo que es un show, por otra parte).

Cuando me volví de Estambul, me tocó horario de mañana (muy muy temprano). Si hay algo peor que levantarse antes de que pongan las aceras, es hacerlo para ver a gente que se va a Punta Cana de vacaciones. Me tocó un Jumbo con más de quinientas personas. Como la justicia existe, el destino les castigó atascando los baños del avión que les iba a llevar, que venía de México D.F. Venía cargado de españoles que llevaban quince días de vacaciones en el país de Speedy González. Por cómo olía el avión, la peña se había dedicado a mojar jalapeños en tequila para desayunar y dejarlos macerar en su intestino hasta llegar al avión. El destino es justo pero un poco cabrón, y para recordarme que no nací para que me tocara la lotería ni ningún ángel de Victoria’s Secret, todo esto pasó en una día en el que yo tenía cierta resaca, con lo cual el aroma de las vacaciones de mis compatriotas me provocó cierto rechazo estomacal. Pena de desayuno! No vuelvo a tomar uno. Hay días tan cabrones que si pudiera llover, llovía.

El caso es que mi vida avanza. Hacia dónde? Ni puñetera idea, pero tras romper mi anterior sofá (no pienso contarte nada, lo que pasa entre un hombre y su sofá es cosa del que lo vendió a mitad de precio diciendo que era de exposición), me compré uno nuevo. Ya soy un capitalista, tengo posesiones. Como mi vida no ha avanzado tanto, no es nuevo, es de segunda mano. Todo blanco él, eso sí, 2,30 metros de fábrica de siestas. Fantástico, pero dada mi manía de combinar mi estancia en él con comer, dormir, beber y demás actividades me estoy planteando si lavarlo o ensuciarlo hasta que nadie sea capaz de reconocer su blanco original.

También me fui a Sevilla a ver a mi colega Fernando. Se compró un bajo (de los de música, no de los de montar un Zara) y está aprendiendo a tocarlo. Como nos conocemos hace treinta años y pico, decidimos montar una banda, así que me bajé con mi guitarra a darlo todo. Resultó que ya no vive en Sevilla, sino en Bollullos Par del Condado (lo bueno de internet es que para cualquier duda a este respecto usas Google y me ahorro explicaciones). El cabrón tiene un dúplex que te caes, con una azotea impresionante. Por todo ello paga la mitad que yo en Madrid por mi pisito de soltero. Como tío inteligente que es, en la azotea tiene una barbacoa, lo que es un sueño para alguien como yo, que se calentaría hasta el desayuno a la parrilla (y eso que desayuno nueces, té y zumo de naranja y cerveza rebajada con aguardiente, qué pasa?). Le dedicamos el fin de semana a averiguar si el bajo estaba bien afinado (tenía razón yo y estaba mal, que necesité la verificación telefónica del unánime en sí mismo Sergio Zearreta en uno de los momento más humillantes de mi vida como músico). Sin embargo, la novia de Fer, Mari, más maja ella que las pesetas, nos proporcionó un homenaje enorme cuando a las tres horas de ensayar Desire de U2 apareció por allí y dijo “pero ya no estáis afinando, eso es una canción, no?” Por momento así es por los que uno se sube a un escenario.

En fin, otro día (o noche) sigo. Me voy a dormir, que mañana curro y además estoy jodido porque hemos perdido contra el Barça. De hecho, el otro día llegó su avión al aeropuerto al lado de donde yo estaba haciéndome el sueco para que no me mandaran nada y me acerqué por allí. Al final, el avión venía vacío, de hecho, lo primero que hicieron los operarios fue quitarle las pegatinas del escudo y dejarlo otra vez como una avión normal (pobretones!!!). Aún así, la política de mi empresa sobre causarles lesiones a los pasajeros es muy estricta, así que no hubiera valido de nada mi labor como jugador leñero número 12 de Mourinho.

Neno. Sabes que contigo cada día es mejor que el que vendrá. Recuérdalo.

Un abrazo mu’ sentío.

Dani Rocha (que lo es)

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