VEINTE

Hola, Queen of the Highway, que diría Morrison:

Cómo te va? Yo un poco pedal, porque el Madrid perdió como le gustaría ganar a muchos y no tuve más remedio que ir a celebrarlo-consolarme en el garito de jazz de al lado de casa, lo cual me provoca un porcentaje de acierto en las teclas planteable.

Sé que te dije que te iba a contar mi vida con aviones, pero resulta que mi empresa se dio cuenta de que tenía que darme vacaciones y me empaquetó quince días que aproveché (dentro titulares) para...
...Ir a Portugal para ver al gran Carmelo, mi colega palestino mejor del mundo (dicho así también vale).
...Ir a París, ya te contaré cómo, que tú eres muy de criticar a los demás.
...Tener un sobrino que se llama Nicolás y que es más guapo y bueno que el hijo de Alessandra Ambrosio y Eduard Punset (en su defecto es hijo de mi cuñada y mi hermano que también molan tela). Vamos allá.

Me busqué un billete de avión barato para ir a Portugal y allí me planté.

(Que conste que estuve en Navidad en Galicia, ya te contaré, que mi amiga Maribel, si es que amigas tan guapas no son de ficción, me dijo la frase del año en el minuto 89 del 2011, ya te contaré. Aplazo la Navidad un par de entregas, para que el espíritu navideño (de los cojones) nos inunde todo el año).

Para un exautónomo como yo, el hecho de tener vacaciones es tan increíble que me levanté pronto el día del viaje. Había una puesta de sol tan bonita que me cogí de la mano a mí mismo y a nadie le importa lo que mi mano y yo pudimos negociar, el caso es que fue cercano y laudatorio.

Me fui al aeropuerto camino a Porto y, gracias a mi cargo y a mi jeta, conseguí un speedy boarding en una low cost (no te digo el nombre). Hasta llamé a mi padre para contárselo y que se sintiera orgulloso de mí -aún falta un ratillo, le entiendo-. Como sabes, llevo una libreta en la que apunto las cosas que te cuento. Se me cayó en el despegue en las piernas (minifalda de cuero provocadora) de la pasajera de atrás, que resultó ser Halle Berry (la de los móviles esos de muchas teclas). Le pedí mi libreta, me la dio, hablamos y ahora tengo tres hijos con ella (o la clase turista me provocó un trombo cerebral, que me tuvo tres días en coma, lo que explica porque no me cuadran las vacaciones, lo que te sea más creíble, pero creo recordar noches de pasión con estrellas de Hollywood, incluido Danny de Vito).

Después de una vida entera yendo a Portugal (no en vano me apellido Rocha), me sorprendió que lloviera, pensaba que allí siempre hacía bueno o viento, pero resultó que el centro olía tanto a pis que el gobierno ordenó que lloviera (si pueden joderte la paga extra, pueden hacer eso y más).
Carmelo lleva sin cortarse el pelo desde que yo vivía en Inglaterra (8 años). Sigue siendo el crack del universo. Si hubiera que elegir a alguien para charlar con extraterrestres, sería él el mejor, sin duda. Vive en un dúplex flipante en Foz, al lado de la comisaría (no viene mal en su caso) con unos compañeros fantásticos, Nuno y Luis. La primera noche hicimos una cena que me marcó. Él cocinó sus platos de su pueblo (Palestina) y yo alguno español. El caso es que en el súper me mosqueó que a los diez minutos solo habíamos comprado vino una vez (cuatro botellas para seis, pero solo una vez). Debido a mi insistencia, en caja compramos dos botellas más. Cena riquísima, moña monumental (manía que tiene Carmelo de beber whisky sin hielo). Me fui hecho un cacho de carne a la cama de mi habitación con vistas al mar (no era capaz de ver el mar aunque me ahogara, pero estar estaba).
Al día siguiente, Carmelo, mi resacón de colores y yo nos fuimos de paseo por Porto. Me compré una camiseta de 10,46 por solo 14, 95, chulísima, blanca con unos dibujos rosas muy guapos que... Espera… 10 es a 14 como 1 es a… Hijos de puta!!!! Ríete de los fenicios. Te huelen la incapacidad mental resaquil. Qué gran país!!!!

El caso es que la noche de copas se me hizo larga y volví solo en un taxi practicando uno de mis hobbies favoritos, hablar portugués. Eso no me hacía olvidar que me iba a dormir a las tres de la mañana (un fracaso en toda regla en mi historial). Al rato me di cuenta de que sonaba en la radio del taxi “Who wants to live forever” de Queen. Durante un rato me planteé la invitación al suicidio del grandioso donde los haya Mercury, pero decidí que el suicidio es como la sal en las comidas, que siempre hay tiempo para añadirlo. Qué sueño tenía!!! Como para suicidarme, qué pereza! Al día siguiente, Carmelo, nuestro apetito voraz y yo, comimos en Gaia, las mejores vistas de Porto, mi bacalhau y demás historias. Lo importante es que comí tanto pan con mantequilla con sal que se paralizó el brazo izquierdo y me dolía el pecho y las arterias. Qué rico todo, hasta el suero de la ambulancia, me recordaba al vinho verde a pesar de ser por vía intravenosa.

El único punto negro del viaje era que llevaba una muela del juicio haciéndome la vida imposible. Para eso, la casa de Carmelo, que como te dije, era dúplex, tenía el último escalón cuatro milímetros más alto que el resto, lo que hacía que cada vez que subía las escaleras me pegara una piña digna de Fidel Castro borracho. El caso es que me reventé todos los dientes menos la muela mala. Justicia divina? Destino cabrón? La gente es tonta y yo soy gente? Yo qué sé! El caso es que en Madrid fui a un dentista (después de 25 años yendo al mismo, Santiago Sousa, qué grande eres!), y le dije “me duele si me toco aquí” y va el mamón y me aprieta “ahí”. “Aquí?” y yo pensando “te habrás sacado una carrera muy difícil, pero eres más tonto que enfadarse con una sardina”. Le insulté gravemente, pero como me metía el dedo en la boca, no me entendió. Si me llega a entender, me cruza la cara con un guante y me desafía (le hubiera enseñado a contar hasta once sin descalzarse).

Para acabar con Portugal, en el aeropuerto, haciendo cola para coger el avión de vuelta, sin poder usar mis influencias corporativas, en la pareja que iba delante de mí, el chico decidió dejar a la chica en directo, retransmitido (a mí) antes de coger el vuelo. “Creo que debemos dejarlo, no tengo ganas de seguir”. Claro, la tía se agarró un rebote como el de mi peluca de montar pollos, se puso a llorar, a echar pecados por la boca, a invocar al demonio y a el Fondo Monetario Internacional, a rechazar pañuelos de la gente de la cola y, como no, gracias a mi suerte divina, a sentarse a mi lado en el avión, con el novio, o exnovio al otro lado. A pesar de mi interés ínfimo en su vida, me lloró más de una hora. Casi cojo al novio y le dejo la cara para la radio. Si quieres dejar a tu novia, déjala cuando cada uno pueda coger un metro diferente con tres minutos de diferencia, imbécil. Que salís nuevos del instituto!!!!!

En fin, que dice una amiga mía que digo siempre.

Me vengo arriba, así que me guardo Navidad, París y el aeropuerto para más adelante. Mientras hay vida hay esperanza, si lo tuyo se puede considerar vida.

Beijos, que non bicos!!!!

Dani Rocha (que lo es)

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