POR DONDE EMPEZAR PITOCHE?!
Como
te anuncié en la última carta tu inestimable amigo Dani Rocha y su mochila de
55 litros se iban a tierras italianas. Pues así fue y hoy ambos estamos de
vuelta (la mochila y yo). Tengo mucho que contarte, de momento te pongo la ruta
para que te hagas una idea:
Córdoba
– Madrid – Milano Orio al Serio (Bergamo) – Padova – Venecia – Bologna
– Florencia – Pisa (para hacer trasbordo) – Nápoles – Roma – Milano
Orio al Serio (Bergamo) – Madrid – Sevilla – Córdoba
Pretendo
extenderme porque Italia me dio mucho que pensar, así que te mandaré varios
correos, aún no sé cuantos porque, como te digo, me veo fuerte. De momento
llevaré un orden cronológico.
Empezando
por el camino a Madrid que no tendría nada de especial de no ser porque una vez
más me deleitaron con una peli. Debido al éxito que tuvo en mi formación
humanista la última que me pusieron, me decidí a ver la que me tocaba ese día.
El clásico de cine de transportes en esta ocasión fue "El sueño de mi
vida". El largometraje en cuestión iba de una menor de un instituto yanki (of
course). Este centro de enseñanza contaba con todos los elementos: su chica
popular (más mala que Lex Luthor) y su corte de amigas idénticas a ella y
entre sí que le rien las gracias, su capitán del equipo de algo... y la menor
en cuestión, fea y plana, cosa esta última que le marca. A ella siempre la
acompaña su amigo, fiel, raro, igualmente feo y carente de todo complejo (a
pesar de que reúne todo para tenerlos). El día de su cumpleaños (el de la
plana) ella es humillada por la mala (que no sé para qué coño la invita). La
criatura se encierra en un armario y pide un deseo: no tener su edad y pasar a
ser treintañera (je!, Mira, como tú) y se despierta con treinta tacos, un
cuerpo de los de dejar a la mujer y a los hijos y con un macizorro en su cama.
Pide taxis en Nueva York diciéndole "disculpe" al cuello de la camisa y se
escoña cada vez que se sube a unos tacones. Más o menos de cómo contrastan
las dos culturas cuando una cría ochentera anima fiestas en el 2000 cambiando a
Britney Spears por Thriller de Jackson, que es lo que bailaba cuando niña.
También cabe destacar que se asusta de verle el pito al macizorro. Supongo que
al final se zumba al amigo pringao (dejando de lado a muchos guapos, que quede
claro que puede) y vuelve a tener trece años, pero ya le da igual porque ha
inundado al mundo con el sabor de la infancia y habrá aprendido cualquier
soplapollez sobre la vida. La próxima vez viajo en auto-stop.
De
Madrid, tras celebrar que mi hermano ha encontrado curro en el ente público
nuevamente (ha vuelto a la 2) me piré a Barajas, no sin antes cagarme en el
incendio del Windsor que me hizo dar una vuelta enorme para coger el metro al
aeropuerto. Volé a Bergamo llevando regalos para dos coleguitas italianos, John,
alias "Chupa", que recibió una pipa de agua con su tabaquito de manzana
(supongo que a estas alturas habrá sido sustituido para meterle diversos
condimentos) y Matteo, alias "el Matteo" o "Matteone", que recibió un
chorizo ibérico y una longaniza (mi madre me enseñó a nunca llegar de manos
vacías). En Bergamo me recogió Matteone y me llevó a Padova, a casa del otro
pieza. Dos horas y pico después, al bajar del coche, descubrí que mi colega
viajaba sólo con un cepillo de dientes envuelto en papel higiénico. La primera
noche dormimos en una habitación tres personas, un perro, un gato y un cd de
Radio Head (que sigo sin acordarme de si va junto o separado) a toda leche (que
por cierto estuvo tres noches sonando, pero como no era mío opté por no
tocarlo). En la casa también estaba “adoptado” el perro del vecino y tenían
un gato que se encontraron, bautizado con el bonito nombre de Testone (cabezón).
Cuando llegué estaba tumbado y me dijeron que no jugara con él porque tenía
una pata rota. Media hora después me siguió al baño andando tan tranquilo, yo
creo que lo de la pata era psicosomático, pero nuevamente, como estaba allí
invitado, no quise meterme donde no me llamaban. En Padova tuve mis primeros
contactos con pizza auténticamente italiana y con la birra Moretti (en botella
de 66 cl.), éstas dos eran unas constantes junto con algunas otras en las que
se encuentra también la botella de ron. Cabe recordar que en mi etapa de
deportista, a medida que gano fondo corriendo, lo pierdo bebiendo. También
estuve en un garito lleno de españoles (así no hay quien aprenda idiomas),
otro clásico.
Resulta
que en Italia parece ser bastante habitual compartir habitación en los pisos de
estudiantes (cosa incomprensible para mí), y, mientras anduve por Padova, la
compartí, además de con mi anfitrión o con Matteone, con el compañero del
primero (culpable de lo de Radio Head) y su perro. Eran cuando menos peculiares,
el tío era el típico rasta que dice "buen rollo" todo el rato con el
amable fin de sisearte desde tabaco hasta un tiento de cerveza. De hecho, y
gracias a su filosofía del buen rollo, estrenó la pipa de agua a su santo
antojo, privando a mi colega de ese pequeño placer. Me hizo gracia porque tenía
una funda de guitarra en la habitación pero no tenía guitarra, lo que sí tenía
era una flauta. Supongo que en algún lugar le tienen que echar las monedas.
Llevo muy mal lo de compartir habitación, soy un tío de costumbres y me gusta
dormir solo. Además, dormir conmigo es difícil. Antes de dormir juego una
partida al móvil, si se me rompiera el móvil no podría sobar (esta frase
también vale si cambias "antes" por "durante" y
"dormir" por "ir
al baño"). El perro estaba hecho un asquito el pobre, también tenía rastas
y no se callaba ni a tiros el cabrón. Era un maleducado y soltaba pelos por
kilos. Se quedó dormido sobre mi mochila y fui incapaz (aún a día de hoy) de
quitarle las melenas. Casi no me la dejan pasar en el aeropuerto por guarro.
La
casa de mi colega está en un barrio que combina la prostitución con la
presencia del equivalente a una casa cuartel de los carabinieri, que serían
como "nuestra" Guardia Civil pero en chungo (descripción de los españoles
de allí. No decían "chungo", pero me da pudor repetir sus palabras). Quién
podría imaginar agentes de la ley y prostitución morando juntos (ejem)? La
media de precios era de "50 testa" (o sea cincuenta euros por cabeza), lo sé
por unos que iban delante, que los italianos gritan mucho, que sabes que yo
no... No tengo que darte explicaciones. En Padova había buena gente, por
ejemplo un portugués que se había roto la tibia y el peroné jugando al
ping-pong (yo tampoco entiendo cómo pero seguí con mi filosofía de oír, ver
y callar. Además, en julio de 1997 mi colega Roi se hizo lo mismo pisando
mierda de vaca, doy fe).
Durante
mi estancia en Padova, antes de la ruta hacia el sur, hicimos varios viajes con
vuelta en el mismo día (sólo hicimos uno realmente, nos quedamos dormidos
cuando tocaba Verona). Fuimos a Venecia, con sus canales llenos de mierda y
cosas de ésas, pero, para que veas que no soy un tío destructor, te diré que
no fue ése el detalle con el que me quedé, que seguro que me crees capaz. Me
encantó aquello, la plaza de San Marcos (y sus putas palomas), el sistema de
canales que obliga a calles canijas de las que me gustan a mí, las iglesias
eran flipantes, lo único que no me gustó fue que éramos demasiados turistas,
con lo que no pillas el espíritu ni el carácter de la ciudad ni a tiros
(contra las palomas). Siempre recordaré Venecia porque es el primer sitio en el
que he pagado para ir al baño, 50 céntimos, qué limpio todo! Y, eso sí,
tiempo aprovechado de cuidado, estuve por allí mirando los retretes, me lavé
las manos tres veces, gasté medio rollo de papel para secármelas como
corresponde a alguien cuya extracción social le hace pagar por mear (ir a un
bar era más caro y en la calle entre los turistas, los carabinieri y las
palomas está difícil). En resumen, de no ser por tanto turista eso se sale, y
aún con ellos (o con nosotros) está de escándalo: San Marcos, palacio ducal,
iglesias varias, tías a patadas…
Has
leído demasiado, en breve más, además no te he mandado ninguna foto y sé que
te mareas.
Besos
y nos leemos pronto.
Dani Rocha (que lo es)