Tres cortos: La llamada al móvil - La encuesta de la ONU - Dos h*j*s de p*t*.

LA LLAMADA AL MÓVIL

Un grupo de hombres está en el gimnasio de un club y suena un móvil. Uno de los hombres contesta:
- ¿Si?
- ¿Querido, eres tú? Se oye horrible!
- Hola... hola!
- ¿Estás en el gimnasio?
- Sí
- Estoy frente al escaparate de una peletería viendo un abrigo de visón precioso. ¿Puedo comprármelo?
- ¿Y cuánto cuesta?
- Unos 6.000 euros.
- Pues venga... y cómprate también un bolso que haga juego, amor mío.
- bueno... esteee... resulta que también pasé por un concesionario de coches... y pensaba que ya es hora de cambiar nuestro coche... así, que entré y pregunté, y ¿a que no adivinas?, resulta que tienen un BMW de oferta, y es el último que les queda
- ¿Y de cuánto es esa oferta?
- Sólo 75.000 euros... y es divino!
- Buuueno. Cómpralo, pero que te lo den con todos los accesorios, y si sale un poco más, como situación excepcional, no me voy a enfadar.
La mujer, viendo que hoy todos sus deseos "colaban", decidió arriesgarse:
- Cariño... ¿Te acuerdas que te conté que Mamá quería venirse a vivir con nosotros?, ¿Te parece bien que la invite por un mes, a prueba, y el mes que viene lo volvemos a hablar?
- Mmm... bueno, está bien... pero no me pidas nada más, &iquesteh?
- Sí, sí, está bien. Ay, cuánto te adoro mi amor!
- Yo también te quiero. Un besito y te dejo. chao.
Al colgar el teléfono, el hombre se gira al grupo y pregunta:
- ¿Alguien sabe de quién es éste móvil?
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LA ENCUESTA DE LA ONU

La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia, la pregunta fue "Por favor, diga qué opina de la escasez de alimentos en el resto del mundo". Los resultados no han podido ser más desalentadores, la encuesta ha sido un total fracaso por lo siguiente:

- Los argentinos no entendieron qué significaba "por favor"
- Los cubanos, extrañados, pedían que les explicaran qué era "opinar"
- Los europeos no entendieron qué significaba "escasez"
- Los africanos en general no sabían qué eran "alimentos"
- Los americanos preguntaban "qué era el resto del mundo
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DOS H*J*S DE P*T*

Estaba sentado el otro día delante de mi ordenador cuando me acordé que tenía que llamar por teléfono a un compañero. Descolgué el auricular y marqué el número de memoria. Me contestó un tipo con muy mal humor diciendo:
- "¿Qué quiere?".
- "Soy Ignacio Marínez, ¿podría hablar con Roberto Espárrago?", dije amablemente.
- "Te has equivocado, gilipollas", me respondió y acto seguido colgó.
No daba crédito a lo que me estaba ocurriendo. Cogí mi agenda para buscar el número de mi compa˜ero y comprobé que, efectivamente, me había equivocado. Pero como aún recordaba el número "erróneo" que había marcado anteriormente, decidí volver a llamar a aquel tipo y cuando me cogió el teléfono no esperé a que contestase y le dije:
- "Eres un hijoputa", y colgué rápidamente.
Inmediatamente apunte aquel número en mi agenda junto a la palabra "hijoputa".
Cada dos o tres semanas, cada vez que estaba cabreado (porque me llegaba una letra inesperada, o un aviso de multa, o discutía con mi mujer, o alguna situación por el estilo) volvía a llamarlo y sin dejarle contestar le decía:
- "Eres un hijoputa".
Esto me servía de algún modo como terapia y me hacía sentirme mucho más relajado. Unos meses después, la maldita Telefónica introdujo el servicio de ón de llamadas, lo cual me ó un poco porque tuve que dejar de llamar al "hijoputa". Pero de repente, un día se me ocurrió una idea: marqué su número de teléfono y cuando escuché su voz le dije:
- "Hola, le llamo del departamento de ventas de Telefónica para ver si conoce nuestro servicio de identificación de llamadas".
- "No" me dijo el tío grosero, y me colgó el teléfono.
Rápidamente lo volví a llamar y le dije:
- "Eres un hijoputa".
Un mes después, estaba yo esperando con mi coche a que una anciana saliera de la plaza de aparcamiento del Hipercor. Esta lo hacía muy lentamente y cuando terminó la maniobra y me disponía yo a ocupar la plaza libre, apareció un Golf GTI negro a toda velocidad y se metió en el hueco que iba yo a ocupar. Comencé a tocar el claxon y a gritar:
- "¡Eh, oiga!, ¡que estaba yo esperando!, ¡no puede hacer eso!". El tipo del Golf se bajo, cerró el coche y se fue hacia el centro comercial ignorándome como si no me hubiera oído. Yo me quedé completamente frustrado y é: "Este tío es un hijoputa. El mundo está lleno de ellos". Justo en ese momento vi un letrero de "SE VENDE" en el cristal de atrás del Golf. Lógicamente anoté el número y me fui a buscar otra plaza de aparcamiento. A los dos o tres ías, vi en mi agenda el número del "hijoputa" y me acordé que había anotado el número del tipo del Golf. Inmediatamente le llamé y le dije:
- "Buenos días. ¿Es usted el dueño del Golf GTI negro que se vende?"
- "Sí, yo mismo"
- "¿Podría decirme donde puedo ver el coche?"
- "Sí, por supuesto. Yo vivo en la calle de Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa, es un bloque amarillo y el coche esta aparcado justo enfrente de la casa"
- "¿Cómo se llama usted?"
- "Enrique Juárez"
- "¿Qué hora sería la mejor para encontrarme con usted y discutir los detalles de la operación, Enrique?"
- "Pues yo suelo estar en casa por las noches".
- "¿Puedo decirle algo, Enrique?"
- "Sí, claro"
- "Enrique, eres un hijoputa de la hostia", y colgué el teléfono.
Inmediatamente después de colgar anoté el número en mi agenda al lado del otro, pero en este puse el nombre de "hijoputa II". Ahora tenía dos "hijoputas" para llamar y así estuve durante dos o tres meses, llamando ahora a uno, ahora a otro; hasta que comenzaba a aburrirme un poco. Me puse a pensar en serio sobre como resolver este problemilla y al cabo de un par de whiskies se me ocurrió algo. Primero llamé al "hijoputa I":
- "Dígame"
- "Hola hijoputa", pero esta vez no colgué.
- "¿Estás ahí todavía, verdad, cabrón?"
- "Sí, hijoputa".
- "Deja ya de llamarme o ..."
- "Noooooo".
- "Si supiera quién eres te rompía la boca", me dijo.
- "Me llamo Enrique Juárez y si tienes cojones ven a buscarme. Vivo en la calle Don Ramón de la Cruz esquina Montesa, en un bloque amarillo, justo en la puerta donde hay aparcado un Golf GTI negro, so hijoputa"
- "Ahora mismo voy para allá!!! Tú sí que eres un hijoputa y ya puedes ir rezando todo lo que sepas. Te voy a majar a hostias"
- "¿Sí?. ¡Qué miedo me das, hijoputa!" y colgué el teléfono.
Inmediatamente llame al hijoputa II:
- "Dígame"
- "Hola hijoputa" y no colgué.
- "Como te pille algún día..."
- "¿Qué me vas a hacer, hijoputa?"
- "Te voy a patear las tripas, pedazo de cabrón"
- "¿Sí?, pues a ver si es verdad, hijoputa. Ahora mismo voy hacia tu casa"
Y colgué. Por ultimo, cogí el teléfono y llamé a la policía. Les dije que estaba en la calle Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa y que iba a matar a mi novio homosexual en cuanto llegara a casa. Luego hice otra llamada rápida a "Madrid directo" y les dije que iba a haber una pelea de pandillas en la calle Don Ramón de la Cruz esquina Montesa. Y entonces me monté en mi coche y me fui para allá a toda leche. Te juro que fue una experiencia que nunca olvidaré. La mayor pelea que he visto en mi vida. Hasta los cámaras de Telemadrid se llevaron lo suyo.
En fin, después de ésto espero que cuando te llame por teléfono me contestes en tono amable.
"Ya sabes, no es bueno que yo me irrite."

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